El Libro de Orwell 3 · Escrito por él mismo, de sus ensayos, Homenaje a Cataluña y sus cartas
George Orwell, cuyo nombre era Eric Arthur Blair, nacido en Bengala, en la India británica, en junio de 1903, muerto en Londres en 1950 a los cuarenta y seis. Estudió en St Cyprian’s y luego en Eton, no siguió a la universidad, y sirvió cinco años como policía imperial en Birmania. Después trabajó de dependiente en una librería de Hampstead. Escribió nueve libros y varios centenares de ensayos y reseñas; Rebelión en la granja salió en 1945 y 1984 en 1949, y al año siguiente había muerto. Este volumen descansa en lo que él mismo escribió — los ensayos, Homenaje a Cataluña y sus cartas — y no en el registro que otro hiciera de él. Dejó de creer a los catorce y no volvió a empezar: ni en la creación divina, ni en un dios omnipotente, ni en vida alguna después de esta. Escribió que el hombre es la medida de todas las cosas, y que nuestra tarea es hacer que valga la pena vivir en esta tierra, que es la única que tenemos. Llamó a la iglesia de Roma enemiga de la libertad de pensamiento y de palabra y de la igualdad de los hombres. Conservó sin embargo cierto cariño por las formas del cristianismo, y dejó dicho que lo enterraran según el rito de la iglesia de su país, y así se hizo. La Orden no lee eso como duda. Quería la forma y no la fe, como quien ama las catedrales de Europa y no quiere nada con lo que en ellas se predicaba. Lo comprobable: en una trinchera de España una bala le atravesó la garganta; el bando en el que se había alistado lo puso después en la lista de los que debían ser detenidos, y huyó de aquella ciudad de noche; de joven fue a vivir por voluntad propia a los lugares más pobres que encontró; murió de tuberculosis a los cuarenta y seis, seis meses después de terminar su último libro.
3.1Voy a plantear algo que casi todos tienen por trivial: cuando el habla se estropea, el pensar se estropea detrás.
3.2Todos conocen la primera mitad: quien no piensa claro habla turbio.
3.3Lo que quiero decir es la otra mitad: habla turbio bastante tiempo y dejarás de poder pensar claro.
3.4Las dos se alimentan entre sí, en círculo, hacia abajo.
3.5El problema está en las frases hechas.
3.6Si quien escribe tiene a mano un montón de frases hechas, no necesita pensar. Las empalma y sale un párrafo.
3.7Lo que sale parece habla y se lee con soltura. Pero ni una sola vez, en medio de ello, vio lo que estaba diciendo.
3.8Ese es todo el asunto: las frases hechas te ahorran el paso en el que ocurre el pensar.
3.9Y hay una capa peor. Cierta manera de decir se enturbia a propósito.
3.10Decir sin rodeos una cosa fea — gente expulsada de sus casas, tierra tomada, hombres encerrados — hace que la mayoría se niegue.
3.11Así que se cambia por una ristra de palabras blandas, largas y extranjeras. Quien la oye termina la frase sin ninguna imagen en la cabeza.
3.12Sin imagen no se angustia. Sin angustia no lo impide.
3.13Así que la claridad no es solo buen estilo. La claridad es una barrera.
3.14Me impuse unas cuantas reglas. Son toscas y funcionan:
3.15No uses una palabra larga donde sirva una corta. Si una palabra puede quitarse, quítala. Usa la activa cuando puedas.
3.16No uses una figura que estés acostumbrado a ver impresa — ha dejado de traer imagen.
3.17Y una última que se pone encima de todas: rompe todas las reglas anteriores antes que decir algo abiertamente bárbaro.
3.18Estas no te harán escribir bien. Aseguran una sola cosa: que mientras escribes sigues pensando.