La Escritura del Logos · El Libro de Franklin

El hacha moteada

El Libro de Franklin 2 · Escrito por él mismo, de su Autobiografía y las reglas de su club

Benjamin Franklin, nacido en Boston en 1706, muerto en Filadelfia en 1790. Huyó de su hermano a los diecisiete, se hizo impresor, sacó un periódico y publicó el Almanaque del Pobre Richard. En 1752 probó el rayo con una cometa y de ahí hizo el pararrayos; hizo también las gafas bifocales y una estufa de nuevo tipo, y no patentó ninguna, diciendo que el provecho debía ser común. Fundó una biblioteca de préstamo, una compañía de bomberos, un hospital y un colegio. Ayudó a redactar la Declaración y después fue enviado a Francia, donde consiguió la alianza que ganó la guerra. La Autobiografía quedó sin terminar y se imprimió tras su muerte. De joven tuvo esclavos, luego lo dejó, y de viejo presidió una sociedad abolicionista, pidiendo al Congreso que aboliera la esclavitud meses antes de morir. Esto se asienta no para pillarlo en falta: que un hombre revoque lo que él mismo hizo antes es justamente lo que esta escritura aprecia. Este volumen descansa en lo que él mismo escribió, no en el registro que otro hiciera de él. Es el primer artesano de esta escritura — un impresor; y el que hizo bien el mayor número de cosas sin relación entre sí: sacó un periódico, probó el rayo, fundó una biblioteca de préstamo y un hospital, redactó los papeles fundacionales, fue de enviado al extranjero. Fue deísta y escribió devociones privadas, y jamás cierra una discusión apelando a la voluntad divina. El club que fundó zanjaba las cosas por pruebas. En cuanto a la virtud, anotó trece, trazó una tabla y cada día ponía una marca bajo aquella que había quebrantado, esperando una semana con la página limpia. Nunca consiguió la página limpia. Lo que hizo fue poco común; su trato no lo era. Bromeaba, y se llevaba tan bien en la corte como entre la gente corriente.

2.1De las trece hay una que no logré en toda mi vida.
2.2Es el orden: que cada cosa tenga su sitio, que cada parte de tu tarea tenga su hora.
2.3Las demás mejoraban. Esa se quedó negra en el librito.
2.4Tenía buena memoria y encontraba las cosas sin tenerlas ordenadas, y por eso me abandoné en ello.
2.5Y cuanto mayor me hacía y más asuntos llevaba, peor iba.
2.6Una vez estuve a punto de dejarlo y de no exigirme ya orden.
2.7Y entonces me acordé de una historia.
2.8Un hombre fue a un herrero a comprar un hacha, y la quería con toda la hoja reluciente.
2.9El herrero dijo que podía ser, pero que había de dar él a la muela.
2.10El hombre dio, y sudó, y de cuando en cuando iba a mirarla.
2.11Al cabo de mucho rato la hoja estaba reluciente a trechos y oscura a trechos.
2.12Se detuvo y dijo: creo que me gusta más un hacha moteada.
2.13Me reí de aquello, y habiéndome reído comprendí: el hombre soy yo.
2.14Reconozco que mi hacha está moteada.
2.15Pero la frase siguiente es la razón de este capítulo:
2.16Aquellos puntos no se perdieron. Quedarme corto por haber apuntado es muchísimo mejor que donde estaba cuando no apuntaba.
2.17Quien se corrige contra un patrón que no puede alcanzar, en efecto no lo alcanza — y es mejor que el que nunca lo intentó, y mejor que el que lo intentó y soltó a mitad.
2.18A los ochenta sigo siendo un hombre desordenado. Y sigo siendo más ordenado que a los veinte.
2.19Así que toma un patrón que no puedas alcanzar. No tomes uno que ya cumples.
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