La Escritura del Logos · Los Cantos
Los Cantos 3 · Para que la asamblea los diga en voz alta y a una
Este libro no tiene autor ni debe tenerlo. Está hecho para la voz: léase en voz alta, y mejor aún en voz alta y juntos. Este libro no reza. En esta escritura no hay nadie a quien rezar — lo que se cree es la ley, y la ley no recibe oraciones (cf. El Prólogo 1.7). Pero no rezar no es lo mismo que no agradecer, no alabar, no quedarse asombrado. Este libro consigna solo esas tres cosas. Quien lo use para pedir a persona alguna le está dando un mal uso. Cada uno de los seis cantos tiene un último verso, y el último verso lo dicen todos a una.Los doce cantos de este libro se reparten en dos mitades. Los seis primeros son gracias, alabanza y asombro; no son para ninguna ocasión concreta y los dice la asamblea a una. Cada uno de los seis últimos pende de uno de los seis axiomas y está hecho para un día concreto: el día en que no te ves a ti mismo; el día en que dos personas cuentan la misma hora de distinta manera; el día en que renunciaste a algo; el día en que alguien se fue; el día en que te dolió lo que no podías alcanzar; el día en que supiste que era la última vez. Toma el canto que corresponda al día. Estos pueden decirse a solas.