La Escritura del Logos · Los Cantos

A los que vieron primero

Los Cantos 4 · Para que la asamblea los diga en voz alta y a una

Este libro no tiene autor ni debe tenerlo. Está hecho para la voz: léase en voz alta, y mejor aún en voz alta y juntos. Este libro no reza. En esta escritura no hay nadie a quien rezar — lo que se cree es la ley, y la ley no recibe oraciones (cf. El Prólogo 1.7). Pero no rezar no es lo mismo que no agradecer, no alabar, no quedarse asombrado. Este libro consigna solo esas tres cosas. Quien lo use para pedir a persona alguna le está dando un mal uso. Cada uno de los seis cantos tiene un último verso, y el último verso lo dicen todos a una.Los doce cantos de este libro se reparten en dos mitades. Los seis primeros son gracias, alabanza y asombro; no son para ninguna ocasión concreta y los dice la asamblea a una. Cada uno de los seis últimos pende de uno de los seis axiomas y está hecho para un día concreto: el día en que no te ves a ti mismo; el día en que dos personas cuentan la misma hora de distinta manera; el día en que renunciaste a algo; el día en que alguien se fue; el día en que te dolió lo que no podías alcanzar; el día en que supiste que era la última vez. Toma el canto que corresponda al día. Estos pueden decirse a solas.

4.1Damos gracias a los que vieron primero.
4.2No eran dioses. Ninguno de ellos era un dios.
4.3Entre ellos hubo esclavos, comerciantes, un pulidor de lentes, un impresor, un hombre sentado en una oficina de patentes.
4.4Se equivocaron. Algunos gravemente. Hemos dejado los errores en la escritura y no hemos borrado ninguno. (cf. Hechos de los Apóstoles 5.29)
4.5No les damos gracias porque acertaran, sino porque quisieron preguntar y dejaron el preguntar donde pudiera comprobarse.
4.6Entre ellos hay quien no recibió una palabra amable en toda su vida, quien fue expulsado por los suyos, quien fue condenado a muerte.
4.7Aun así lo escribieron.
4.8Lo que hoy recogemos sin esfuerzo, ellos lo pagaron con una vida.
4.9Una frase que leemos en tres minutos, ellos la pensaron treinta años.
4.10Recordamos ese precio.
4.11No nos arrodillamos ante ellos. Ninguno quiso que nadie se arrodillara.
4.12Solo hay un modo de agradecérselo: seguir preguntando, y dejar nuestros propios errores del mismo modo.
4.13No les pedimos que nos oigan. Ya no pueden oír. Lo decimos porque queremos recordar.
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