La Escritura del Logos · El Libro de Hume
El Libro de Hume 4 · Escrito por él mismo, de la Investigación sobre el entendimiento humano, los Diálogos sobre la religión natural y Mi propia vida
David Hume, nacido en Edimburgo en 1711 y muerto allí en 1776. Filósofo e historiador. A los veintiocho publicó el Tratado de la naturaleza humana, subtitulado un intento de introducir el método experimental de razonamiento en los asuntos morales, propósito tomado de Newton (cf. El Libro de Newton). Casi nadie lo leyó, y en sus propias palabras nació muerto de la imprenta. Lo rehízo como Investigación sobre el entendimiento humano (1748), de la cual Sobre los milagros es una sección; de ahí salen los capítulos primero y segundo de este libro. En 1751 publicó la Investigación sobre los principios de la moral, que tuvo por lo mejor que escribió. Entre 1754 y 1762 compuso la Historia de Inglaterra, que le dio fama y dinero. En 1745 se presentó a la cátedra de filosofía moral de Edimburgo y no la obtuvo; en 1751 a la de lógica de Glasgow, y tampoco: ambas veces bloqueado por la acusación de irreligión. En 1756 hubo en la iglesia quien propuso expulsarlo, sin éxito. No tuvo cátedra en toda su vida. Corrigió los Diálogos sobre la religión natural más de veinte años sin imprimirlos nunca, disponiendo en su testamento que aparecieran tras su muerte; el amigo a quien se lo encargó no quiso hacerse cargo, y su sobrino los publicó en 1779. Escribió Mi propia vida en abril de 1776 y murió aquel agosto. Este volumen descansa en lo que él mismo escribió. Ningún razonamiento suyo se cierra sobre la voluntad divina, ni afirmó nunca que no haya Dios: 2.10 y 2.11 son el límite que él mismo trazó. Lo que este volumen trae es algo que la escritura no tenía, y lo más difícil que podía traer: puso la pregunta al método sobre el que la escritura misma corre. En todas partes la escritura dice que solo cuenta lo que puede comprobarse (cf. Hechos de los Apóstoles 5.28, El Libro de Yang Chen-Ning 4.17). Hume pregunta qué autoriza a los casos ya comprobados a alcanzar los que aún no lo están. No halló respuesta en la razón y no quiso fabricar ninguna. Su respuesta es la costumbre, y la costumbre basta para vivir. La Orden lo toma precisamente porque esa pregunta va en contra de este libro y aun así la hizo. Una escritura que no quiera albergar la pregunta dirigida a su propio cimiento no es una escritura. Es una bandera.