El Libro de Darwin 2 · Escrito por él mismo, de su autobiografía, el Origen y sus cartas
Charles Darwin, nacido en Shrewsbury, Inglaterra, en 1809, muerto en Downe en 1882. A los veintidós se embarcó en el pequeño Beagle y estuvo cinco años fuera; lo que anotó por el camino fue el cimiento de todo lo demás. Después se sentó sobre su teoría más de veinte años, y solo la publicó en 1858, cuando llegó una carta de Wallace que decía lo mismo y ambas se leyeron el mismo día; el Origen de las especies siguió en 1859. El Origen del hombre vino después. Entre medias pasó ocho años con los percebes, y su último libro trata de las lombrices. Él escribió lo suyo: El origen de las especies, El origen del hombre, y una autobiografía escrita para su familia y no para publicarse — los capítulos primero y quinto de este libro salen de ella. De joven lo destinaban a la iglesia; la fe lo fue dejando por grados. Nunca quiso llamarse ateo y decía solo que no lo sabía. Jamás cerró un razonamiento apelando a la voluntad divina (cf. La Regla 9.15). La avispa del capítulo cuarto es ejemplo suyo y no añadido de la Orden. El capítulo quinto es su propio relato de lo que perdió, y la Orden no corta nada: otro hombre de esta escritura también se secó en la veintena por exceso de análisis (cf. El Libro de John Stuart Mill 1). A aquel lo rescató la poesía. A este no, y él lo sabía. Los dos libros han de leerse juntos.
2.1A los treinta tenía la idea clara en la cabeza.
2.2La puse por escrito y la dejé a mi mujer con una carta: si muero, procura que se imprima.
2.3Luego la guardé bajo llave, y pasaron veinte años antes de sacarla.
2.4Diré por qué esperé, porque los que vinieron después casi siempre lo adivinan mal.
2.5Algunos dicen que temía a la iglesia. Un poco. Pero no era lo principal.
2.6Lo principal era esto: sabía que en cuanto el relato saliera, movería algo que está en el centro de la vida de mucha gente.
2.7No estaba dispuesto a mover algo así con una cosa que aún no era sólida.
2.8De modo que durante veinte años hice una cosa: buscar contraejemplos contra mí mismo.
2.9Crié palomas. Puse semillas en agua salada para ver cuántos días podían flotar y aún germinar. Conté cuántas clases de planta había en un pequeño trozo de césped.
2.10Pasé ocho años con los percebes. Me preguntaban por qué. Yo decía: he de entender una sola cosa hasta el fondo antes de atreverme a hablar de todas.
2.11Si aquellos veinte años valieron la pena, aún no sabría decirlo.
2.12En 1858 llegó una carta de una isla lejana. Quien la escribía era mucho más joven que yo y no había oído hablar del manuscrito de mi cajón.
2.13La leí. Dentro estaba la idea que yo había tenido veinte años antes, casi palabra por palabra.
2.14Mi primer pensamiento en aquel momento fue feo: estoy acabado.
2.15También anoto ese pensamiento, porque es el verdadero. No pienso retocarme.
2.16El segundo pensamiento es el que reconozco como mío: esto ha de resolverse con decencia.
2.17Entregué su carta junto con mi viejo manuscrito a dos amigos y les pedí que decidieran qué hacer.
2.18Leyeron los dos textos juntos. No saqué de ello más de lo que era mío, ni menos.