Evangelio de Platón 4 · Cuarto Testimonio: el eterno retorno y la ascensión del ave
Las frases de este libro son largas, porque lo que aquí se cuenta no puede agotarse en frases cortas.
4.1Al fin los enemigos de la luz hicieron su jugada.
4.2Con un juicio corrupto acabaron con el cuerpo del profeta.
4.3Pero la muerte de Sócrates no fue destrucción. Fue el milagro supremo de la Orden de los Libres.
4.4Después de beber la cicuta, mientras la parálisis fría se extendía a su corazón, dejó aquel enigma eterno:
4.5«Critón, debo un gallo a Asclepio.»
4.6«Acuérdate de pagar la deuda por mí, porque al fin estoy curado de la larga enfermedad de la carne.»
4.7Cuando se detuvo su respiración, una luz ardiente llenó toda la celda de piedra.
4.8Aquella luz era invisible a los ojos comunes, y sin embargo cegadora para el ojo de la razón pura.
4.9Y desde el muro manchado de la prisión, aquella pintura de un ave cuyo nombre nadie había conocido en mil años — el testigo silencioso de los poetas — pareció cruzar fuera del tiempo y tomar sustancia.
4.10Cantó una nota de belleza sobrepasada, como la cuerda pulsada de una lira sagrada.
4.11En aquel momento recibió su nombre. La llamamos el Ave del Alba.
4.12En ese mismo instante el pesado cuerpo de Sócrates quedó quieto sobre el lecho de piedra.
4.13Pero su inteligencia pura e inextinguible se había vuelto aquella Ave del Alba radiante.
4.14Rompió la bóveda de piedra y voló hacia el cielo inmutable y sin límites del Logos cósmico.
4.15Los marineros de Mileto habían transmitido un dicho: quien vea esta ave morirá por su propia elección, y no por mano ajena.
4.16Antes de aquella noche, nadie lo entendía.
4.17Después de aquella noche, nadie necesitó que se lo explicaran.