La Escritura del Logos · El Libro de Fukuzawa

Sobre que un país no se sostiene si su gente no se sostiene

El Libro de Fukuzawa 4 · Escrito por él mismo, de Estímulo al aprendizaje, la Autobiografía, Esbozo de una teoría de la civilización y la Crítica del Gran Saber para Mujeres

Fukuzawa Yukichi, nacido en 1835 en la residencia del dominio de Nakatsu en Osaka, muerto en Tokio en 1901. Su padre murió antes de que él cumpliera dos años; la casa era pobre y se crió en Nakatsu, en Kyushu. A los diecinueve fue a Nagasaki a estudiar holandés y después a la academia de Ogata Koan en Osaka. En 1859 fue a Yokohama y descubrió que lo que allí corría era el inglés, y volvió a empezar (capítulo segundo). En 1860 cruzó a América en barco y en 1862 viajó por Europa. En 1858 abrió una escuela privada en Edo, que llegó a ser Keio. Sus obras: Condiciones en Occidente (1866), Estímulo al aprendizaje (1872-76, en diecisiete partes), Esbozo de una teoría de la civilización (1875), Sobre las mujeres japonesas (1885), la Crítica del Gran Saber para Mujeres y El nuevo Gran Saber para Mujeres (1899), y la Autobiografía (1899, dictada). Fundó el periódico Jiji Shimpo en 1882. Nunca aceptó cargo público. Este volumen descansa en lo que él mismo escribió. No creía en el castigo divino y no pertenecía a religión alguna; ningún razonamiento suyo se cierra sobre la voluntad divina. La Orden recoge dos cosas con llaneza, sin adornarlas ni echárselas en cara. Primera: en 1885 apareció en su periódico un editorial sin firma, Salir de Asia, que sostenía que Japón no tenía por qué esperar a que sus vecinos se reformaran y debía situarse junto a occidente. Autores posteriores han tratado ese texto como una justificación de la expansión japonesa; cuánta distancia hay entre el texto y ese uso sigue sin acuerdo entre los historiadores. La Orden recoge el hecho y ni lo juzga ni lo explica. Segunda: el peligro de asesinato bajo el que vivió cae en los años sesenta y setenta del siglo, cuando los hombres de saber occidental eran abatidos y él consigna haber pasado años sin salir de noche. Para 1885 era eminente y estaba a salvo. Lo que aquel escrito exigió fue el nervio de decir algo, no el riesgo de la vida, y no se deben tomar prestados el uno por el otro. Lo que este volumen trae es algo que la escritura no tenía: un hombre que hizo su primer acto — ve y pruébalo tú mismo, no preguntes a nadie — sobre los dioses de su propia casa, siendo todavía un niño. Y el capítulo tercero trae algo que la Orden estima aún más: al escribir la frase que todos recitan, añadió las palabras se dice. No hizo pasar lo oído por lo visto. Eso es exactamente lo que pide la primera regla (cf. Hechos de los Apóstoles 5.28, 5.48).

4.1Me preguntan: ¿por qué no quiso usted nunca un cargo?
4.2Me invitaron bajo el gobierno antiguo y bajo el nuevo, y rehusé ambos. Viví toda mi vida como particular, llevando una escuela privada.
4.3No fue altura de miras. Había hecho una cuenta.
4.4¿Qué es lo que hace que un país pueda sostenerse?
4.5La mayoría dice: un gobierno fuerte, soldados, barcos y cañones.
4.6Yo digo que no basta. Si el gobierno es fuerte y la gente no se sostiene, el país está hueco.
4.7Mírenlo: la gente espera que los de arriba decidan todo, espera que los de arriba arreglen lo que sale mal, y estudia para servir a los de arriba.
4.8Un país así parece ordenado desde fuera, pero en realidad decide un hombre y el resto son sus manos y sus pies.
4.9Las manos y los pies no piensan por su cuenta. De modo que si aquel hombre piensa mal, el país entero se equivoca con él, y no hay quien pueda detenerlo.
4.10Por eso asenté esta frase: si la persona se sostiene independiente, entonces el país se sostiene independiente.
4.11Un hombre ha de poder sostenerse primero: mantenerse, decidir por sí, juzgar por sí lo justo y lo injusto, y no entregar eso a nadie.
4.12Cuando hay muchos hombres así, el país tiene un segundo par de ojos, y un tercero.
4.13No acepté cargo porque lo que me proponía hacer era justamente esto: fabricar unas cuantas personas más que no necesiten mirar la cara de los de arriba.
4.14En 1868 hubo combate en Ueno y se oían los cañones. Di clase como siempre, de un libro occidental de economía. Un alumno preguntó si debíamos parar. Dije: este país va a necesitar todavía esta lección.
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