La Escritura del Logos · El Libro de Newton

No finjo hipótesis

El Libro de Newton 1 · Escrito por él mismo, del Libro III de los Principia y de sus cartas

Isaac Newton, nacido en Woolsthorpe, Inglaterra, en 1642, muerto en Londres en 1727. En 1687 publicó los Principios matemáticos de la filosofía natural, donde asentó las tres leyes del movimiento y la gravitación universal, y puso el cielo y la tierra bajo una sola ley. Ideó además el cálculo, y separó la luz blanca en colores con un prisma. En sus últimos años dirigió la Casa de la Moneda. Él escribió muchísimo; pero lo que escribió sobre las leyes del cielo y de la tierra no llega a la mitad. A lo largo de su vida, las páginas que dedicó a la cronología de la escritura, a las medidas del templo de Salomón y al año del último día superan con mucho a los Principia. La Orden toma una mitad y no la otra, y consigna el hecho en vez de taparlo — el capítulo cuarto es él mismo diciendo por qué mantenía dos habitaciones separadas, y en cuál de las dos pasó más años. La Orden lo toma no porque calculara bien, sino por una frase: lo que no se deduce de los fenómenos ha de llamarse hipótesis, y las hipótesis no tienen sitio aquí (1.10 de este libro). Esa frase la dijo un creyente, y dice exactamente lo que esta escritura pide: que un razonamiento no se cierre sobre la voluntad divina. Una cosa más, consignada sin adornos: peleó por la prioridad toda su vida y no peleó limpio — ni con Hooke, ni con Leibniz, ni con Flamsteed. Y lo último, que la Orden pesa más que nada: su cuarta regla de razonar dice que lo extraído de los fenómenos ha de tenerse por verdadero hasta que otros fenómenos lo corrijan o lo derriben, y que ninguna objeción imaginada cuenta contra ello. Dos siglos después, otros fenómenos derribaron sus cielos (cf. El Libro de Einstein 1; El Libro de Bohr 2). La regla que él mismo puso lo autorizó. Un hombre que deja escrita una regla que servirá luego para destronarlo es lo más raro que esta escritura contiene.

1.1Calculé los movimientos de los cielos. Cómo viajan el sol, la luna y las estrellas puedo calcularlo, y calcularlo con exactitud.
1.2Entonces me preguntaron: ¿y qué es lo que los hace viajar así?
1.3No sé decirlo.
1.4Cómo actúa lo sé: cómo va con la distancia y con la masa, todo eso lo he dejado escrito.
1.5Pero por qué habría de actuar de ese modo, y qué es en sí mismo — eso no lo he deducido de los fenómenos.
1.6Me ofrecieron sugerencias: que es un espíritu sutil; que lo empujan ángeles; que Dios los sostiene momento a momento.
1.7Todas esas explicaciones se sostienen y todas suenan bien.
1.8No uso ninguna.
1.9Dije una frase que se ha citado mucho desde entonces: no finjo hipótesis.
1.10Lo que no se deduce de los fenómenos ha de llamarse hipótesis. Y las hipótesis — metafísicas o físicas, de cualidades ocultas o de operaciones mecánicas — no tienen sitio en este estudio.
1.11Alguien dice: entonces dejas un agujero.
1.12Sí. Dejo un agujero. El agujero está ahí y no le meto nada.
1.13Quien tapa el agujero parece más completo que yo. En verdad solo ha cambiado las palabras «no lo sé» por una manera más larga de decirlas.
1.14Prefiero dejar el agujero abierto.
1.15Abierto, los que vengan sabrán dónde cavar.
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