La Escritura del Logos · El Libro de Faraday

Sobre que no sé calcular

El Libro de Faraday 1 · Escrito por él mismo, de las Investigaciones experimentales, las Conferencias de Navidad y su registro de laboratorio

Michael Faraday, nacido en Newington, al sur de Londres, en 1791, muerto en Hampton Court en 1867. Su familia era pobre y dejó la escuela a los trece para entrar de aprendiz en una encuadernación; los libros que encuadernaba los leía, uno tras otro. En 1831 halló la inducción electromagnética, sobre la que descansa todo generador posterior. Estableció las dos leyes de la electrólisis, vio que el magnetismo hace girar la luz, vio que la materia puede ser repelida por un imán, y fue el primero en hablar de un campo. Rechazó un título de caballero y se negó a trabajar en gases venenosos para la guerra de Crimea. Él escribió lo suyo: tres volúmenes de Investigaciones experimentales, una Historia química de una vela tomada de las Conferencias de Navidad, y un registro de laboratorio de más de dieciséis mil entradas — cada una numerada de su puño, fechada de su puño, indizada de su puño, y los fracasos consignados junto a lo demás. Toda su vida perteneció a una secta muy pequeña, sirvió en ella como anciano y acudió cada semana. Y sin embargo en su trabajo nunca citó la escritura ni cerró un razonamiento apelando a la voluntad divina; invitado a hablar de religión donde daba sus lecciones, se negó. Como Newton mantuvo dos habitaciones; la diferencia es que Newton escribía en la otra y pasaba allí más tiempo (cf. El Libro de Newton 4), mientras que este hombre en la otra solo iba, guardaba y servía, y no escribió casi nada. Además: nunca aprendió matemáticas. Lo que él vio lo escribió después otro en ecuaciones, y solo entonces quedó del todo en la mano. La Orden lo consigna no para rebajarlo sino para mantener entero el registro: un hombre puede llegar muy lejos solo mirando y anotando, y el último tramo del camino suele exigir otra facultad. Por último: su memoria falló pasados los cuarenta, y durante más de veinte años fue y vino, y hubo años en que apenas pudo trabajar. No se detuvo.

1.1Diré primero de dónde vengo, porque tiene que ver con mi modo de trabajar.
1.2A los trece dejé la escuela y entré de aprendiz con un encuadernador.
1.3En aquellos siete años encuaderné muchísimos libros. El encuadernador tiene una ventaja: puede leer el libro que tiene entre manos.
1.4Así empecé a leer.
1.5Nunca aprendí matemáticas. No las aprendí hasta el fin de mis días.
1.6Las ecuaciones que escriben otros hombres no puedo seguirlas. No es modestia; es el hecho.
1.7Me preguntan: ¿y entonces cómo trabajas?
1.8Digo: miro, manejo, altero una cosa y vuelvo a mirar, y anoto qué salió de cada intento.
1.9Lo que me da vueltas en la cabeza no son ecuaciones sino figuras. Pienso en líneas: que salen de aquí, se curvan y bajan allá.
1.10No puedo decir cuánto miden esas líneas. Solo puedo decir aproximadamente qué forma tienen.
1.11Después un hombre más joven escribió en ecuaciones lo que yo había visto. Solo entonces quedó del todo en la mano. (cf. El Libro de Maxwell 1.9)
1.12Lo consigno sin taparme: ese último tramo yo no pude andarlo.
1.13Pero el largo tramo anterior tampoco lo anduvo él.
1.14Digo esto por los hombres como yo, que no fuimos a la escuela.
1.15Aquello que te falta puede faltarte toda la vida. Pero no puede impedirte recorrer un buen trecho.
1.16Cuando llegues al sitio del que no puedes pasar, escribe con claridad lo que viste y déjalo para quien pueda.
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