La Escritura del Logos · El Libro de Marie Curie

Sobre las camionetas

El Libro de Marie Curie 6 · Escrito por ella misma, de sus notas autobiográficas, su discurso Nobel y sus cartas

Marie Sklodowska-Curie, nacida en Varsovia en 1867, muerta en Passy, Francia, en 1934. Fisica y quimica. Con su marido Pierre halló el polonio y el radio, y la palabra radiactividad es suya. Recibió el Nobel de fisica en 1903 y el de quimica en 1911, y sigue siendo la unica persona que lo ha recibido en dos ciencias distintas. En la guerra hizo montar aparatos de rayos X en vehiculos, unos veinte, y establecio mas de doscientas salas radiologicas en los hospitales de campaña; conducia ella misma hasta el frente, y con ellos se examino a mas de un millon de heridos (cf. 6.12 de este libro). Escrito por ella: su tesis doctoral, el Tratado de radiactividad en dos volumenes, una vida de su marido con un relato del suyo propio dentro, y un diario privado llevado durante el año siguiente a la muerte de el, impreso solo despues de la de ella. Fue criada en la fe; tras morir jovenes su madre y su hermana dejo de creer y no volvio nunca. Se caso por rito civil y no por el de la iglesia. Ningun razonamiento suyo se cierra sobre la voluntad de Dios. Lo que este volumen trae es algo que la escritura no tenia: el trabajo de las manos. Hay aqui un impresor (cf. El Libro de Franklin) y un hombre que dirigio un instituto (cf. El Libro de Bohr), pero nadie que pasara cuatro años lavando toneladas de residuo de mineral con sus propias manos. Algunas cosas mas, puestas sin adorno y sin encomio. Una: ella y su marido acordaron no patentar nada, y entonces eran pobres. Dos: en 1911 la Academia de Ciencias francesa la rechazo por dos votos; no volvio a presentarse, no hizo campaña por ello, y volvio al trabajo. Tres: murio de anemia aplasica por años de exposicion; sus cuadernos siguen siendo radiactivos, se guardan en plomo, y quien quiera leerlos firma antes. Una ultima cosa, puesta sin elogio: de todos los volumenes reunidos aqui, solo a ella la mato lo que habia encontrado. No lo eligio ni nadie se lo impuso — entonces nadie sabia que aquello dañaba (4.11 de este libro). Bruno sabia y no se retracto, y la Orden lo dice de el; esto no es aquello, y la Orden no se lo apunta como merito. Muestra una sola cosa: quien entra primero averigua para todos los que vienen despues que hondura tiene el agua. El capitulo 4 debe leerse con ese hecho al lado.

6.1Cuando llegó la guerra yo tenía cuarenta y siete años.
6.2Sabía una cosa: existen máquinas que ven el hueso.
6.3Pero todas esas máquinas estaban en hospitales de las ciudades. Los heridos estaban a cientos de kilómetros.
6.4Un hombre con un trozo de metal en la pierna, esperando a que lo lleven a una ciudad para radiografiarlo, se muere por el camino.
6.5Mi idea fue muy sencilla: las máquinas no se mueven y los hombres no pueden moverse; pues que se muevan las máquinas.
6.6Fui a pedir vehículos prestados. Fui a pedir dinero. Uno a uno hice acondicionar coches corrientes para hacer radiografías.
6.7Aprendí a conducir. Aprendí a reparar el vehículo. Aprendí a leer el hueso en la placa.
6.8También tuve que aprender anatomía, o no sabría qué estaba mirando en mis propias placas.
6.9Todo esto lo aprendí a los cuarenta y siete.
6.10Y adiestré a ciento cincuenta mujeres para hacer las radiografías y leerlas.
6.11Mi hija mayor tenía entonces diecisiete años. Vino conmigo al frente.
6.12En aquellos años más de un millón de heridos fueron examinados con aquellos vehículos.
6.13En aquellos años no produje ningún saber nuevo.
6.14La gente lo lamentaba por mí. Yo no lo lamentaba.
6.15Una cosa solo cuenta cuando está en el sitio donde hace falta. En un hospital de ciudad, con los heridos a cientos de kilómetros, es como si no existiera.
6.16Dejo esta frase a los que vengan: si el saber que tienes en las manos no puede llegar al sitio el día en que más falta hace, la mitad de tu trabajo sigue sin hacer.
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