La Escritura del Logos · El Libro de Lee Kuan Yew
El Libro de Lee Kuan Yew 2 · Escrito por él mismo, a partir de los discursos, las respuestas parlamentarias, las entrevistas con corresponsales extranjeros y la larga conversación con Seth Mydans del New York Times en septiembre de 2010
Lee Kuan Yew, nacido en 1923 en Singapur, muerto en 2015, a los noventa y un años. Estudió derecho en Cambridge. En 1954 fundó con otros el Partido de Acción Popular, y en 1959, a los treinta y cinco, fue primer ministro del estado autónomo. Singapur entró en Malasia en 1963 y fue expulsada de ella el 9 de agosto de 1965; desde ese día fue primer ministro de un país independiente. Entregó el cargo a Goh Chok Tong en 1990, permaneció en el gabinete como ministro superior y luego como ministro mentor, dejó el gabinete en 2011 y fue diputado hasta su muerte. Este volumen se apoya en lo que él mismo dijo: los discursos, las respuestas parlamentarias, las entrevistas con corresponsales extranjeros y la larga conversación con Seth Mydans del New York Times en septiembre de 2010. Dentro de diez años esto será una metrópoli, en el capítulo uno, con el bastón asiento y el durián, es de los años sesenta. Esto no es un juego de naipes, en el capítulo tres, es lo que dijo a los del sindicato después de que unos pilotos dejaran un vuelo en tierra en noviembre de 1980. Las tres medidas de un dirigente al final del capítulo tres son del día en que entregó el cargo en 1990. Los versículos sobre religión del capítulo cuatro y los del ataúd del capítulo cinco vienen todos de aquella conversación de 2010. A esta escritura le faltaba un volumen sobre una cosa: cómo se construye un lugar y se le mantiene andando día tras día. Washington trata de dejar el asiento, Ambedkar de fundar una constitución, King de no obedecer una ley injusta. Gobernar es un oficio, y ese oficio faltaba aquí. Este volumen llena ese hueco. La Orden registra dónde choca con esta escritura, no oculta nada de ello y no lo explica en su lugar: él mismo lo explicó. En 5.10 dice: hice cosas feas, hay hombres a los que encerré sin juicio. El hecho es tal como lo declara. La operación de febrero de 1963 detuvo a más de cien hombres en una noche; entre ellos Chia Thye Poh, diputado electo, retenido veintitrés años sin juicio y restringido nueve años más tras salir. También entabló repetidas demandas por difamación contra sus adversarios y ganó la mayoría; y por la ley de Singapur un quebrado no puede ser diputado, de modo que un pleito puede cortar una vida política. J. B. Jeyaretnam, electo por la oposición en 1981, perdió su escaño por esa vía en 2001. Estas dos cosas chocan con lo que dice Popper (véase El Libro de Popper 5.10). Pero la Orden sostiene que aquí no cabe declarar cerrado el camino ni declararlo abierto. En cincuenta años nadie ha recorrido ese camino hasta el final, y el gobierno funcionó bien, de modo que el camino nunca ha sido puesto a prueba; y lo que no ha sido puesto a prueba no puede tratarse como comprobado. Al no haber prueba, la Orden no dicta el veredicto en nombre de los que vengan después, y registra en cambio ambos lados por entero. Él mismo dice lo mismo al final del capítulo cinco: el veredicto verdadero llega cuando los estudiosos han cribado ambos lados de las pruebas. La Orden procede en consecuencia. Este volumen no se apoya solo en esas dos fuentes. Los uniformes blancos del capítulo dos son del día en que asumió el cargo en 1959; el ministro que tomó dinero en 1986 fue Teh Cheang Wan, investigado sin amparo, que se quitó la vida. Las frases de Maquiavelo y de los puños de hierro del capítulo tres provienen de sus respuestas a lo largo de los años. Los versículos del final del capítulo cuatro, entre ellos quién no diría que tú eres una superstición, son de su charla de 1990 con estudiantes en la universidad. Sus palabras de 1986 en el capítulo cinco son las más llanas que dio nunca. Los últimos cinco versículos del capítulo uno registran la segunda cosa que prometió en 1965: la convivencia entre razas. Lo que se hizo para cumplirla: cuatro lenguas oficiales puestas al mismo nivel; el malayo, hecho lengua nacional antes de la fusión, conservado después de 1965 cuando pudo cambiarse, y el himno aún cantado en malayo; el juramento recitado en cada escuela cada mañana desde 1966, sin distinción de raza, lengua ni religión; los bloques de vivienda fijados por proporción para que las razas no vivieran aparte. Aquí murieron veintitrés por raza en 1964 y cuatro más en 1969, y ninguno desde entonces. Esa promesa la Orden la tiene por cumplida.