La Escritura del Logos · Hechos de los Apóstoles

Aristóteles y el Liceo

Hechos de los Apóstoles 8 · Registro de la Gran Dispersión

8.1Los Hechos ya estaban terminados. Este capítulo se añadió después.
8.2Al principio nadie lo escribió, porque él fue quien nos refutó. Esa omisión es en sí misma la prueba contra nuestra propia regla. (cf. La Regla 2.11)
8.3Lo añadimos ahora, y escribimos junto a él la razón por la que faltaba.
8.4En la Academia hubo un hombre que estudió veinte años, llamado Aristóteles.
8.5Fue el mejor alumno que Platón tuvo jamás. Fue también el primero en desmontar a Platón en público.
8.6Platón decía que las formas de la belleza y la justicia cuelgan en la bóveda del cielo. (cf. Evangelio de Platón 2.9)
8.7Aristóteles dijo: no en el cielo. En este caballo, y en esta hoja. Lo que has de mirar no es la bóveda. Es el caballo.
8.8Algunos esperaban que Platón lo expulsara de la Academia.
8.9Platón no lo hizo. Platón dijo: para esto exactamente hice aquella regla.
8.10Aristóteles dijo más tarde una frase que se cita desde hace dos mil años:
8.11«Platón me es querido, pero más querida me es la verdad.»
8.12Suele leerse como una ruptura. Es en realidad el respeto más alto.
8.13Un hombre que no puede refutar a su maestro no ha heredado saber. Ha heredado culto.
8.14Dejó la Academia y fundó el Liceo al este de la ciudad. Enseñaba caminando, y por eso a sus alumnos los llamaron los que pasean.
8.15Aquello en que se apartó de Platón fue, al final, una cosa pequeña: fue y contó.
8.16Contó las branquias de los peces y las patas de las abejas, y abrió erizos de mar para ver qué había dentro. Registró más de quinientas clases.
8.17Se equivocó en muchísimo. Los que vinieron después corrigieron muchísimo. Eso es exactamente lo que él quería.
8.18También enseñó a un muchacho. El muchacho se llamaba Alejandro.
8.19Cuando aquel muchacho creció, marchó hasta el fin del mundo tal como entonces se conocía.
8.20La Orden lo registra no para jactarse, sino como advertencia:
8.21Alcibíades traicionó una ciudad. Alejandro reescribió el mundo. (cf. Evangelio de Jenofonte 4.16)
8.22Quien enseña no puede gobernar lo que hace con ello quien aprende. Y esa ley se agranda cuanto más abajo corre.
8.23En su vejez los atenienses quisieron juzgarlo también. No esperó. Al marcharse dijo:
8.24«No dejaré que Atenas peque dos veces contra la filosofía.»
8.25Aquello no fue cobardía. Es la diferencia entre lo que está dentro de la cerca y lo que está fuera. (cf. El Pacto 4.3)
8.26Sócrates eligió quedarse, porque lo que enseñó toda su vida fue la ley del ciudadano. (cf. Evangelio de Jenofonte 5.9)
8.27Aristóteles eligió marcharse, porque lo que enseñó toda su vida fue ir y mirar. Los muertos no pueden mirar nada.
8.28Ambos tuvieron razón. También aquí discrepamos, y tampoco aquí damos un fallo.
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