La Escritura del Logos · El Libro de Hokusai
El Libro de Hokusai 6 · Escrito por él mismo, del colofón a Cien vistas del monte Fuji, la Manga y sus inscripciones
Katsushika Hokusai, nacido en 1760 en Honjo, Edo, muerto allí en 1849, a los ochenta y nueve años. Grabador del mundo flotante. De muchacho entró en el taller de Katsukawa Shunsho y tomó el nombre de Shunro. Cambió su nombre de artista más de treinta veces — Shunro, Sori, Hokusai, Taito, Iitsu y el viejo loco por el dibujo, entre otros — y más tarde pasó el nombre de Hokusai a un discípulo. También se mudó de casa más de noventa veces. Desde 1814 publicó la Hokusai Manga, quince volúmenes con más de cuatro mil dibujos, hecha no para coleccionistas sino como cuaderno de modelos para quienes aprendían a dibujar, y reimpresa sin cesar. Entre 1830 y 1832 aproximadamente, ya pasados los setenta, hizo las Treinta y seis vistas del monte Fuji, de las que la Gran ola y el Fuji rojo son las más conocidas. En 1834 publicó Cien vistas del monte Fuji con un colofón de su puño, y los capítulos primero, segundo y quinto de este volumen siguen ese colofón. Dice: desde los seis años tuvo afición a copiar la forma de las cosas; desde los cincuenta sus estampas se publicaban a menudo; pero de lo que dibujó antes de los setenta nada merece atención; a los setenta y tres empezó a ver un poco cómo crecen las plantas y los árboles y cómo están hechos los pájaros, las bestias, los insectos y los peces; a los ochenta haría más progresos, a los noventa vería más adentro en los principios de las cosas, a los cien alcanzaría un estado admirable, y a los ciento diez cada punto y cada trazo sería como vivo. Este volumen descansa en lo que él mismo escribió: ese colofón, la disposición de la Manga y sus inscripciones. Las palabras finales citadas en 6.11 — si el cielo me concediera cinco años más, podría llegar a ser un pintor de verdad — nos llegan por otros y no son escrito suyo; la Orden hace constar la diferencia, como en 1.8 del libro de Dickinson (cf. El Libro de Dickinson 1.8). Lo que este volumen aporta no es hacer transmisibles los métodos. Eso lo estableció Durero (cf. El Libro de Durero 2), y aunque la Manga es también un cuaderno de modelos, lo que pondera el capítulo cuarto es otra cosa: lo que publicó no fue su obra lograda sino su práctica diaria, sin ordenar — nadie puede aprender el resultado, cualquiera puede aprender el camino. Lo que este volumen aporta es la negativa a llegar. Un hombre en la cumbre de su arte declara que nada de lo hecho antes de los setenta cuenta, y pone su blanco en los ciento diez, que sabe que no alcanzará. Los versículos 6.7 y 6.8 dan la razón: un blanco puesto donde alcanzas se acierta, y entonces te detienes; puesto donde no alcanzas, estás tirando toda la vida. Esto queda junto a Brahms y no es lo mismo: Brahms destruía lo que se quedaba corto (cf. El Libro de Brahms 1.9); Hokusai no destruía nada y simplemente no lo contaba. El capítulo segundo es el más importante del volumen y es algo que la escritura no tenía: dibujó pájaros durante sesenta y siete años y los dibujó convincentemente, y dice que solo a los setenta y tres vio cómo se unen los huesos y dónde arrancan las plumas. Convencer no es entender, y convencer basta para que un hombre no entienda nunca, porque el comprador queda satisfecho y el hombre también. La Orden hace constar que Hokusai fue pobre toda su vida y más pobre al final, y que algunos de los cambios de nombre fueron en efecto para esquivar acreedores — 4.3 es él diciéndolo, y la Orden no lo suaviza.