La Escritura del Logos · El Libro de Chandrasekhar

Sobre la tarde del once de enero

El Libro de Chandrasekhar 2 · Escrito por él mismo, de la Introducción al estudio de la estructura estelar, el discurso del Nobel y sus escritos sobre el oficio

Subrahmanyan Chandrasekhar, nacido en Lahore en 1910 (hoy en Pakistán), muerto en Chicago en 1995. Astrofísico. Su tío C. V. Raman recibió el Nobel de física en 1930. Ese mismo año, con diecinueve, embarcó hacia Inglaterra, y durante la travesía calculó que una enana blanca no puede pasar de aproximadamente una vez y media la masa del sol, y que más allá nada impide su colapso. Leyó el resultado en la Real Sociedad Astronómica el once de enero de 1935; Eddington se levantó y lo llamó una reducción de la relatividad al absurdo, y dijo que debería haber una ley de la naturaleza que impidiera a una estrella comportarse así. Eddington no señaló nunca, ni entonces ni después, un solo paso equivocado en el cálculo. En 1937 se fue a Chicago; en 1939 publicó la Introducción al estudio de la estructura estelar, escribió la materia entera y pasó a otra. En 1983 compartió el Nobel de física con Fowler, cuarenta y ocho años después de aquella tarde. Cambió de campo siete u ocho veces en su vida, unos diez años cada uno, escribiendo un libro completo y marchándose; el último fue una exposición de los Principia de Newton para lectores corrientes. Este volumen descansa en lo que él mismo escribió. En sus propias palabras: no soy religioso en ningún sentido; de hecho me considero ateo. Dijo también que su actitud estaba probablemente teñida por su crianza hindú, en la que la idea de que al envejecer conviene cultivar cierto desasimiento le había sido útil: el soltar que se recoge en el capítulo tercero no es ajeno a ello. La Orden lo recoge tal como él lo puso y no lo ordena. Lo que importa es que ningún razonamiento suyo se cierra sobre la voluntad divina. Lo que este volumen trae es algo que la escritura no tenía: la autoridad fallando dentro del propio saber. Aquí está Galileo, y eso es la iglesia sobre la indagación (cf. El Libro de Galileo); Bruno, y eso es el dogma matando; Ambedkar, y eso es la ley oprimiendo. El hombre que aquí se recoge era el mejor de su propio campo, había sido generoso con él y no tenía mala intención: sencillamente no quiso hacer las cuentas, y la sala lo miró a él en vez de mirarlas. El último versículo del capítulo cuarto es donde el volumen reposa: lo que un campo ha de temer no es que alguien diga algo falso, sino que nadie quiera hacer la cuenta por sí mismo. Y algo más que faltaba: una cuarta respuesta al agravio. Bruno no se retractó, Ambedkar peleó, Galileo firmó, Arendt se negó a retirarlo. Este hombre escribió la cuenta entera, la publicó, dejó el campo y dejó que los que vinieran leyeran la página. Cuarenta y ocho años después, la página había ganado.

2.1En enero de 1935 debía presentar esto en la Real Sociedad Astronómica de Londres.
2.2La víspera cené en Trinity. Eddington estaba allí.
2.3Era entonces el hombre de más peso en el campo, y siempre se había portado bien conmigo. Los instrumentos que usaba y los libros que leía me llegaban en su mayoría por su mediación.
2.4Me dijo: he hablado con el secretario de la Sociedad y mañana te darán tiempo de más para hablar.
2.5Se lo agradecí. Lo tomé por amabilidad.
2.6No me dijo que él también hablaba al día siguiente, justo después de mí, sobre esta misma cuestión, y que se proponía demolerla.
2.7Al día siguiente, cuando terminé, se levantó.
2.8Dijo: según las cuentas de este señor, la estrella ha de seguir colapsándose hasta quedar en unos pocos kilómetros, y entonces la gravedad se hace tan fuerte que retiene la luz, y la estrella puede al fin tener paz.
2.9La sala rió.
2.10Dijo: esto es una reducción al absurdo de la relatividad.
2.11Y dijo: debería haber una ley de la naturaleza que impidiera a una estrella comportarse de manera tan absurda.
2.12Yo estaba sentado abajo. No tenía nada que decir, y ni una sola persona dijo nada por mí.
2.13De aquella tarde quiero que quede dicha una cosa, porque es la que importa: no señaló un solo paso en el que mi aritmética estuviera mal.
2.14Ni un paso. Lo que dijo fue que el resultado era absurdo y que por tanto el cálculo debía de tener algún fallo.
2.15Durante muchos años después tampoco lo señaló nadie. No había ninguno que señalar.
2.16Lo que presentó no fue una refutación. Lo que presentó fue a sí mismo.
2.17Y los hombres de aquel campo siguieron en su mayoría a él, y no a la cuenta.
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